Siempre me hago la misma pregunta: ¿La felicidad es directamente proporcional al peso de las personas? Y, claro, me gustaría poder decir que toda la literatura excelsa, filosófica, religiosa, etc., etc., habla de la igualdad de las personas. Cristo revolucionó los estamentos romanos, rígidos e inamovibles, al afirmar que todos somos hijos del mismo padre y hermanos entre nos.
Pero, tristemente no voy a descubrir que la tierra es redonda, diciendo que la realidad me ha demostrado que los flacos vienen, no con un pan bajo el brazo, sino con un plus de ¿suerte?. No llaman la atención en la escuela, nadie le pellizca los mofletes cuando son niños, encuentran ropa en cualquier tienda, tienen más candidatos, parecen más jóvenes, ( la lista es interminable).
Pero, he aquí que los que no pesamos lo que dicen las tablas (ni tampoco nos parecemos a los hipopótamos) aprendemos lecciones de supervivencia en forma rapidísima y al cabo de recorrer un largo camino, si miramos hacia atrás, hemos dejado bien en cuarto lugar a más de un flaco garboso (recordando obviamente, la parábola de la carrera entre el conejo y la tortuga.
Pensamos en aquello de "si no puedo alcanzar lo que quiero, debo querer lo que alcanzo", y generalmente nos destacamos en la carrera y la profesión que elegimos, formamos parejas muy estables porque tenemos necesariamente que basarla en otros valores, que no sean los físicos, nos consideramos muy buenos amigos, acentuamos con esmero aquellas zonas más favorecidas, y, creo, los demás, en su afán por vernos qué tenemos de agraciado, terminan prendados de esa cierta sensualidad que da el no estar nunca en el centro de la escena. Otro detalle para tener en cuenta, reflexionamos siempre tanto, que nuestro discurso termina siendo profundo y apropiado, y ya se sabe lo seductoras que son las palabras.
Ánimo, siempre es posible estar en el sistema sin responder totalmente a sus dictaduras.
En mi caso personal, he logrado todo lo que me he propuesto, incluidos los hombres que quise, sin tener nunca las medidas políticamente correctas (las mías son 100-70-100), y con poca estatura.
Todo es cuestión de mirar si la mitad del vaso está llena. La filosofía consiste en que no nos dejemos convencer por los que venden la mitad del vaso vacío.
¡Qué pasión sentimos por hacer escuchar nuestra palabra como la ÚNICA verdad! He hallado a lo largo de mi vida tantas verdades... Ninguna tan sólida y difícil de refutar como la de las personas más simples, que dicen con temor "sentencias de vida", verdades verdaderas!!!
Luego, de las otras, miles. Palabras y palabras que generalmente definen sólo una visión parcial, instantánea, biodegradable, pompa de jabón que desaparece frente a uno con los colores de fractales. Palabras y palabras que rara vez suelen acompañarse por acciones.
Habría que superponer plantillas y plantillas de verdades para encontrar algunos emergentes "verdaderos".
Sin especulaciones ni afirmación científica, deben ser los adolescentes poseedores de varias de las buenas verdades. No especulan, y, generalmente, no recuestan su pensamiento sobre la columna del resentimiento.
Claro que hay remedios muy efectivos para ello. En poco tiempo se los forma con maestros expertos en hacer lo contrario de lo que dicen."la democracia es un estilo de vida"- "La tolerancia nos permite convivir"- "La base de la convivencia está en el diálogo" (¡¡¡Las amonestaciones? Bien, Gracias. Gozan de muy buena salud, sobrevivientes impunes del pasado autoritario!!!)
Dios quiera que la OMS prohiba el uso de ese medicamento por los efectos colaterales a largo plazo.
¿Y cuál es tu verdad?
El texto es una ventana al mundo. Conocemos el mundo a través de palabras, sólo cuando una realidad está nominada, puede ser representada por el intelecto. ¿Es el árbol que estoy mirando o la idea de árbol que tengo en mi mente? Me represento a mi mismo a través de palabras, tomo un lugar en el mundo, a partir de un nombre, conozco lo que me rodea por medio de palabras. Y luego, digo, modifico, comparto, quiero, expreso, a través de palabras.
Y en nuestra cultura, enorme peso tienen las palabras escritas.
Ni que hablar que si debemos definir las funciones del lenguaje, podríamos hilar fino y encontrar tantas funciones como personas que hablan o escriben.
Y la lectura se transforma en la senda más amplia para soñar, fantasear, conocer, investigar, posicionarse, mirarse, mirar...
¿Se está verdaderamente enseñando a leer? ¿A encontrar en la lectura sus múltiples abordajes desde la mochila de vida del que está leyendo? ¿Hemos entendido que el proceso de comprensión de un texto pone en marcha muchísimos mecanismos intelectuales que necesitan del ejercicio constante y consciente?
Hace bastante tiempo que me pregunto acerca de lo que hace la sociedad con lo que se ha atesorado en experiencia y conocimiento.
Las lecturas, las acciones, los errores, hacen que las personas se vayan convirtiendo de conocedoras en sabias, a medida que pasan los años. Pero, una vez que se las saca del circuito de los roles prefijados por las actividades laborales, a nadie se le ocurre volver a ellas para apoyarse en sus conocimientos. Hay una actitud de (no sé si es exagerado) desprecio por lo anterior, por lo que "ya fue".
Puede ser que ésta sea una ventana para dejar filtrar algo que puede interesarle a alguien. Es lo que se intentará hacer desde la página, a partir de mañana.
El ideal de lector, del que tanto habla Umberto Eco, está en la mente del que escribe. Supone que lo que lee es lo que le interesa, lo que necesita o busca.
Esto desde el punto de vista del que escribe. También puede equivocarse y es legítimo. Mañana lo charlamos.